Saludos a todos los dolços catalanes desde su linde sur.

Fue hace años ya, pero aun lo recuerdo bien. Estaba consultando la prensa digital y comparando en varios medios, mirando en diferentes digitales como lo mismo puede ser tan blanco o tan negro como el alma del readactorcillo obediente habitual.

Por aquel entonces todavía valía la pena leer los comentarios de ciertos digitales. Y en esas ocurrió, un enlace llamó mi atención y allá que fui.

No empezó bien la cosa. En la pequeña pantalla de mi móvil vislumbré un palote cuatribarrado, lo que viene siendo un gaiato del revés y una barretina ¡qué pesaditos los catalinos (no digo catalufos) no nos dejan en paz ni un segundo siquiera. Vi una bandera de España, no me cuadraba, en fin. Lo leí.

No recuerdo el artículo en cuestión sólo lo grato de su lectura. En un clima tan agrio y como cualquier español común; hartoinsultao, había encontrado una isla en un mar de desafueros.

Les aseguro que aquella tarde me leí absolutamente hasta la última letra de su maravilloso blog (palabreja que detesto) o cálida isla (así mejor). A partir de entonces no faltaría mi visita diaria que sería el principio de un amor por la verdad y la sensatez.

La lectura diaria, lo variopinto de los temas desde historia hasta religión (¡provocadores!) sin faltar el CATchondeo característico y sus comentarios (lo que me habré podido reír) que por cierto echo de menos a algunos comentaristas, había despertado en mí viejos y malos recuerdos con no buenos sentimientos asociados.

El nacionalismo cainita-catalán como buen veneno se distribuye con mucha facilidad y desde hace mucho, demasiado y en demasiada cuantía. Vamos, que están todos cucurull perdios. Y estoy a sus seis.

Desde entonces recuerdo bien como ya en el colegio nuestro tutor decidió impartir las matemáticas en valenciano en una clase con solo dos alumnos que hablaban valenciano en casa. Por sus santísimos y a final de curso no le fuera a pillar el toro.

Recuerdo el cabreo monumental de un catetus vulgaris valencianae al preguntarme de donde era y decirle simplemente: soy de aquí. Y eso a tres minutos del barrio donde me crie. Un tipo que estaba a más de hora y media en coche del suyo, pero de aquí soy yo, tú no me dijo.

Recuerdo como florecían como setas los agraviados por el franquismo. Todos lo mismo, era hablar valenciano y al segundo un guardia civil les daba un bofetón.

Recuerdo a Zaplana denigrar el valenciano, que yo aprendí, postrado ante su jefe (Aznar) que a su vez lamía las suelas del suyo (Pujol Iº)

Así que Dolça Catalunya me hizo recordar cosas que me sobraban, que los naci-cainitas-catalanes habían emponzoñado mi vida desde niño.

Pero también algo más….

Y es que había de llevar a Cataluña en mi cabeza. Literalmente. Tal que así.

                                      

Por supuesto los que allí llegábamos no nos preocupaba el nombre ni el porqué del mismo solo nos preocupaba si era verdad que teníamos que quedarnos a vivir en aquel armatoste metálico flotante.

Parecía imposible ¿doscientos cincuenta ahí dentro? ¡Jesús! ¿y cómo es qué flota?

Pues sí flotaba y soportaba el peso de personas de diferentes partes de España conviviendo tranquilamente y compartiendo destino y avatares sin mayores problemas porque al navegar si te enfadas ¿adónde vas a ir?

 La Cataluña formaba parte de 31ª Escuadrilla de escoltas junto con sus hermanas gemelas La Baleares, La Andalucía, La Asturias y la Extremadura.

El destino hizo que La Cataluña fuese más Cataluña que nunca. Íbamos a ir hasta Atenas a traer la llama olímpica a España para los juegos de Barcelona de 1992.

                                                  

Nosotros, españoles de diversas partes de España conformando una comunidad bien avenida con una misión común donde cada uno hacía su parte si necesidad de querer ser más que el otro. Orgullosos de lo propio y aprendiendo de lo ajeno.

Nosotros, no estos.

                            

Así pues, emprendimos viaje desde nuestra base sita en Ferrol (La Coruña) hasta Barcelona.

Llegaríamos el 22 de mayo y no íbamos solos coincidimos con: El portaviones Príncipe de Asturias, fragata Andalucía, fragata Santa María y los dragaminas Guadalquivir y Guadiana. Por otra parte, también llegaron buques de guerra italianos. Personalmente solo recuerdo a La Andalucía (atracamos juntos) y a los italianos.

 Tras venga a dar vueltas rodeados de cargueros al final entramos a puerto, cerca de la estatua de Colón. No hubo un gran recibimiento para La Cataluña, engalanada con los colores del FC Barcelona, total por un gol de Koeman dos días antes y pequeño tampoco pero allí estábamos.

 Uniformaron Policía Naval para lucir palmito por Las Ramblas, en el último momento les dijeron que de eso nada. No les ocurrió lo mismo a los marineros italianos arribados también a Barcelona. Ellos si se lucieron por Las Ramblas.

Estábamos todos contentos de estar en Barcelona y no lo pasábamos muy bien conociendo la ciudad como suele ser a según qué edades, mucha fiesta y poco turismo, así que después del primer día entendimos más bien poco las guardias nocturnas con el arma cargada y un chaleco antibalas que pesaba un quintal, la cosa parecía seria. Estábamos amenazados.

Como ya se nos había visto nos cambiaron al ultimísimo rincón del puerto, menudas caminatas, un poco más de fiesta y ya sí partiríamos para ese viaje tan importante que nos había deparado el destino por mor de la que era nuestra casa, La Cataluña, la despedida no es que fuera cutre, es que no hubo, pero las olas no esperan así que partimos rumbo hacía Italia, concretamente a Génova. A ver, por algún motivo estarían los italianos en Barcelona. Íbamos a rendir homenaje a Cristóbal Colón.

                                                     

Llegamos a día siguiente. Al salir a la maniobra de atraque nos quedamos ojipláticos ¡Qué recibimiento, qué gentío, im-presionante!

Habían instalado muelles flotantes para facilitar el atraque y complicar la maniobra, atracamos de popa y fue una pesadilla. Tuvimos que bajar para amarrar La Cataluña, nos dio mucha vergüenza con tanta gente saludándonos y haciéndonos fotografías. Tal era la expectación que sacamos un misil de prueba y venga a darle vueltas hacía un lado y otro, los genoveses lo disfrutaron, aunque hubo voces de sorpresa-susto al principio.

                                              

Y poco más en Génova sólo nos dio para un paseo de cierra bares, cerraban muy pronto, cargados de billetes de 1000 liras que no valían más de 20 duros cada uno y un pequeño cisma por aquello de si pizza o espaguetis y al día siguiente por fin pondríamos rumbo hacía Atenas para lo verdaderamente importante.

Eso sí pasaríamos por Creta primero para visitar Chaina (La Canea) que es un sitio muy bonito y con gentes muy agradables. Casi parecíamos turistas de verdad y nos llevaron de paseo y todo la marina griega a visitar un templo. Después ya todo sería fiesta y despendole.

                                                     

Y por fin la llegada a El Pireo el gran puerto de Atenas, tampoco hubo un gran recibimiento, pero si se notaba más idas y venidas de y hacia La Cataluña y se lo tomaban muy en serio. Apostaron francotiradores encima de un edificio que había frente a nosotros, les saludábamos con la mano, pero ni caso oiga.

Ya se empezaba a notar que hacíamos algo más allí que una simple visita, por ejemplo, cuando se acercó un señor creo que de la embajada y le cargamos el coche de productus hispanicus hasta arriba (no sé cómo se daría maña para cambiar las marchas, la verdad).

Trajín de oficiales griegos parriba y pabajo (como suena) y españoles sin identificar. Algo se cocía para ya mismo.

¡Cómo no! ¡faltaba el guateque por supuesto! Será que allende los mares, sabe más bueno o será que el que lea esto lo tiene más claro.

Aunque personalmente no lo vi, me tocaba guardia y acotaron la zona, mis compañeros sí porque estuvieron pasando bandejas. Por allí si apareció el Molt Honorabla señor bajito con Maragall, su sequito, representación de deportistas y ganapanes habituales. Allí estuvieron, en La Cataluña, discretamente sin prensa y con nocturnidad. Supongo que el Molt diría algo así como hoy y aquí, sí toca, póngame otra.

Mientras llegaba el día del embarque (de la llama) conocíamos Atenas, el barrio La Plaka, La Acrópolis… y un buen número de bares lugareños con los 20 dólares que nos dieron e primer día y el sufrido esfuerzo de nuestros padres.

Ya teníamos una Antorcha en el barco y empezamos a preparar una pequeña ceremonia militar de recibimiento y honores a la llama olímpica mientras un suboficial utilizaba la antorcha para encenderse un cigarro. Pues bien, se ensayaron dos formas. Ninguna se hizo. Formaditos y ya está.

No fue necesario hacer una hoguera ni nada especial para mantener la llama. Venía enlatada.

                                          

¡Hala, de vuelta p’a España que ya toca! Éramos cuatro más para el viaje de vuelta, versión voluntarios olímpicos, eso sí bien paridos, dos chicas y dos chicos que anduvieron por allí curioseando.

La misión llegaba a su fin sin poner pie a tierra y ni tan siquiera acercarnos a la costa. Nuevamente preparados para una cosa que no iba a ocurrir, pero preparados, al fin y al cabo. No iba a ser un acto formal. Una llamada por megafonía para quien quisiese formar para despedir la llama con uniforme de faena y ya está.

¿Y quién llegó? Pues la Guardia Civil, en buena lógica, a los mossos en hidropedal se les iba a hacer duro y había que recoger a 4 personas. Pues sí fue la Guardia Civil a quien se les entrego las tres lámparas que conformaban la llama olímpica junto con los bien paridos voluntarios y música de los Manolos a todo trapo con aquello del poder de Barcelona.

                                                        

Ni que decir tiene que no se nos invitó a ningún acto ni nada por el estilo, aún gracias que nos regalaron una camiseta y un pin del COBI y a ver quién se atreve a decir ahora que tiene algo del COBI.

Para la historia la fragata iba sola, cosas de las olas, cosas de la historia, que también tiene su propio oleaje.

                                                

Así pues, quiso la ‘historia’ que al retirar las fragatas de la 31ª Flotilla de Escoltas sólo una de ellas acabara hundida a bombazos. Efectivamente; La Cataluña. Cosas de la política y sus dobles interpretaciones.

                                                     

Todo esto y más tanto de positivo como negativo es lo que me suele traer a la memoria Dolça Catalunya, punta de llança del seny catalá. Les sigo leyendo.

En fin, que España no es un ridículo bote de remos. Es una gran embarcación y si te sales de ella te ahogas.

¡Tripulación! ¡A sus puestos!

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