El padrazo

5
(2)

De Pepe de la Barra

Hallábame yo que me hallaba en el fondo de la barra de un bar con mi toma, mi tapa y una rebanada de pan cuando…

Una voz me sobresalta.

 —¡Cabrones, es que son unos cabrones! ¡Pues conmigo no, eh, conmigo no! ¡Estos no saben con quién se han «topao»! —. Por si alguien duda de su cabreo, un fuerte golpe con la botella de cerveza en la barra, despeja toda duda.

—Tranquilo Juan, no des esos golpes hombre, a ver cuéntame qué te ha pasado, y conmigo no lo pagues, eh —. Todo correcto, típico conciliador de barra. A mí también se me da bien, pero no me voy a meter.

Juan, un hombre de treinta y tantos, cara redonda jalonada por una, tan generosa cómo chata nariz, de un moreno urbanita (trabajo en exterior) caro de conseguir con rayos uva, ojos marrones de una viveza rabiosa y unas manos con la virtud de empequeñecer cualquier cosa que sostuvieran. Comienza su relato.

—¿A qué no sabes de dónde vengo? Del colegio vengo.

—¡Eso es que te han suspendido, ja, ja, ja! —Interrumpe su amigo, mirando a los presentes, buscando aprobación a su gracia. Que la obtuvo.

—No estoy «pa gracietas» Antonio —en ese momento a Antonio le cambia la cara, a modo atender. Él es quien conoce a Juan y se ha dado cuenta que la cosa es seria.

»Hoy he ido yo a recoger a mi hijo, y cuando sale me lo encuentro con un cartelito al cuello que pone Beatriz. Noto que mi niño a estado llorando y me dice, «Papá, yo no quiero ser chica, no quiero ser Beatriz». ¡Los infiernos se me han llevado, sabes!

—No me digas

—Cómo te lo digo

—¿Pero y eso? —la cara de Antonio refleja una incredulidad impropia de un adulto que contrasta enormemente ante la de ira sin fin de Juan—y calla para que Juan siga.

—Y me viene la niñata esa de su profesora, ¡que es una niñata!, y me dice «¡ay el cartelito, que se lo lleva puesto!» Le he quitado el cartel a mi hijo, le he dado un abrazo, he mirado a la cara a la mierdecilla, esa, he hecho trozos el cartelito y le he dicho que quería hablar con el director ya mismo.

»Que es directora me responde, ¡pero tú te crees, que cuajo tiene!

»¡Pero ya mismo! Le he dicho, sea quien sea y el niño abrazado a mi pierna que me hacía daño. Lo que le han hecho no tiene nombre.

»Y al momento que sale una tía canija, esa sabes tú quien es, que parece una peonza y se cree que es alguien porque tiene cargo, esa de la asociación de vecinos…

—Creo que sí, la de la manifestación feminista. La que tuvo toda la mañana la calle cortada para hacer el circo.

»Pues esa y otro tío. Y le digo que con qué derecho le cambian el nombre a mi hijo, ahí estaba yo, ya todo encendido. Qué mal cuerpo oye. Y se me planta delante el fulano ese que no sé quién es, pero lo pienso averiguar y me dice «Oiga, oiga que voy a llamar a la policía»

»Mira, ahí no sé qué me ha entrado. Saco el teléfono del bolsillo se lo ofrezco y le he dicho «toma a ver si llegan a tiempo, guapo». Se ha puesto «to colorao» y no lo ha cogido, y yo con la mano cargada, no sé si me entiendes. Si no se aparta, ese, cena sopas esta noche.

—¡Cuidado que te juegas la cárcel! —añade Antonio, con la cara desencajada por el relato de Juan.

—Pues si no queda otra, pero con mi hijo no van a hacer lo que ellos quieran.! ¡Ni leyes ni mierdas!

»Al final he podido hablar con la directora peonza. Me dice que no, que no es cosa del colegio, que es una actividad extra escolar, que eso lo hace la consejería de educación, «educación me dice, así con todo su papo, vergüenza no tienen, pero dicen educación», que no pueden hacer nada, que no les avisan, que vienen de fuera, que por favor no me lo tome a mal.

»Digo a mal no, a peor y si vuelve a pasar algo así con mi hijo no tendrán donde esconderse y se lo he dejado muy claro, así se lo he dicho y además le he dicho que sé que me está mintiendo. Se lo he demostrado fácil, le pregunto a cuantos niños marroquíes les han cambiado el nombre. Mutis total. Se ha callado como lo que es.

»Así que se lo he dejado muy claro y se lo he dicho despacito para que no pierda palabra. «Me llamó Juan y Juan se llama mi hijo, soy albañil y puede que no pueda enseñar mucho a mi Juanito. Pero lo puedo educar y lo educo lo mejor que puedo, por eso respeta a sus mayores y su maestra. Otra cosa que hago y seguiré haciendo es defenderle y lo haré mientras tenga fuerzas. Si tengo que acabar en la cárcel lo haré y si tengo que perder la vida sin miedo será. Mi Juanito tiene ahora 7 años y no le voy a fallar»

En ese momento ha ocurrido algo poco común sin que medie celebración alguna y este padrazo se ha llevado la ovación y el reconocimiento de todos los presentes, me ha parecido ver que se le escapaba una lagrimilla. Incluso de la chica que atiende la barra a estas horas que tendrá veintipocos años y es más susceptible a toda esa purria ideologicachalá que nos quieren infundir cómo sea.

Una de las bases de la civilización ha sido la defensa del hogar y de la familia, sobretodo, los hijos.

En serio podrán una caterva de abyectos politicuchos y funcionarillos de tres al cuarto acabar con la civilización misma. Al tiempo.

¿Qué te ha parecido?

¡Haz clic en una estrella para puntuarlo!

Promedio de puntuación 5 / 5. Recuento de votos: 2

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

Ya que has encontrado útil este contenido...

¡Sígueme en los medios sociales!

¡Siento que este contenido no te haya sido útil!

¡Déjame mejorar este contenido!

Dime, ¿cómo puedo mejorar este contenido?

Deja una respuesta