Cosas del poder

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De Jesús Dónimos

 Esta es la historia de la Muy Leal y Fidelísima Villa Hermosa de Monte Rico y Buen Campo y de su más histórico representante don Nuño García Potes.

Alcalde llano primero y Real después en la época de Nuestro Señor del siglo diez y seis, que así reza en las crónicas de su tiempo. Ahora bien, la siguiente historia no se encuentra en ninguna de esas crónicas, es la voz heredada del pueblo que al final y por la naturaleza deslenguada de algunos que de esos hechos participaron permanece hasta nuestros días.

Fue Don Nuño persona muy activa, cercana y participativa con sus iguales de las cotidianidades de la villa, conocedor de las vicisitudes de sus vecinos, intermediaba en las disputas haciendo todo lo posible por apaciguar ánimos exacerbados, recogía razones, exponía criterios y encontraba acuerdos, aceptados estos, triunfaba él y se aseguraba que todos lo supieran.

Así fue como consiguió ser la persona más reconocida de la villa, siempre rodeado de un grupo de fieles acólitos. Conseguido el bastón de mando nadie se lo discutiría jamás, ni cuando repartió bastonazos para reclamar a los vecinos las contribuciones a la villa, fueras estas en dineros o trabajos. Acuñando la frase aún hoy utilizada “Lo que Don Nuño no acierte con razones acertará con bastones”.

Don Nuño supo cómo nadie como mantener su cuota de poder  en una época sin equilibrio de poderes. Halagaba hacía arriba y pisaba hacía abajo y de todos sacaba algo, mejorando su hacienda particular. Recogía para la nobleza (el señor del lugar, conde de la Vega y Quesada) y sacaba. Recogía para la Iglesia y sacaba más. Pero lo que más recogía eran favores y se dice que alguno hizo, pocos.

Con todo esto don Nuño se mantuvo en el cargo hasta el fin de sus días, pero lo que quedo en la historia fueron sus obras, obras estas muy agradecidas por los vecinos de la Villa.

El gran regante; En aquellos años de necesidad por la vital agua don Nuño acaparó como suyos los esfuerzos del conde, junto con el poder eclesiástico de toda la región, para asegurar esta en todas las villas y campos colindantes.

Así pues y con la participación de los lugareños se excavaron tres pozos y se construyó una fuente en la plaza de la villa para asegurar el agua en todas las casas de la villa. Además de esto una ordenanza municipal instaba la construcción de pozos ciegos para aguas fecales y la obligación del mantenimiento y uso de los mismos.

Para campo y ganado también se actuó construyendo canales desde un pequeño rio cercano, además de balsas para la recogida de agua de lluvia.

Todo esto aseguró futuro y jornales, la alegría fue grande y gran mente celebrada en la villa tanto que aún hoy tiene su festivo el 28 de mayo. Y el don siempre presente para recoger agradecimientos y favores.

El gran diplomático; A escasa media jornada de la villa quedaba un pequeño pero rico monte, boscoso y con buenas piezas de caza, pero vedado a los lugareños ya que en este organizaba sus cacerías el señor conde y aunque era frecuente que unos y otros de aquí y allá acudieran allí para cazar conejos, corzos y demás piezas tenía gran castigo.

Don Nuño, que también allí acudía, pidió con gran reverencia tratar con el señor conde de este y otros temas aduciendo que eran de gran malestar para los vecinos y que estos estaban a punto de la rebelión. Consiguiendo su propósito, durante 2 meses al año sería monte abierto para los vecinos de la villa, los que el conde estimara, eso sí.

Con gran anuncio por parte de don Nuño se celebró y festejo nuevamente y nuevamente el don recogió parabienes.

El gran cristiano; Muchas eran las vicisitudes de la época y variados los remedios que se encontraban. Uno de estos remedios fue la prostitución.

La prostitución no era algo que se quisiese ver en las villas de Nuestro Señor, pero el ya muchos años alcalde don Nuño gustaba de hacerse querer, así que esperó que las voces de escándalo llegaran primero al cura y que fuera este quien acudiera al Ayuntamiento. Esperar y recoger, así de simple. Y recogió.

Así pues, después de los tramites debidos (espera y recogida) echó a las putas del pueblo (a las dos) pero se aseguró de que no se fueran muy lejos, ya les tenía buscado el sitio. En la práctica montó una mancebía que fructificó.

Como tantas otras veces, don Nuño fue celebrado por sus grandes méritos, por los conocidos y por los desconocidos.

Pasados unos años, don Nuño, ya mayor, sintiéndose débil y enfermo quiso dejar las cosas de este mundo bien atadas para la posteridad. Mandó que le hiciesen un retrato para colgarlo en la casa consistorial, que sería pagado por los vecinos. Se reunió con sus acólitos para que se comprometieran en el apoyo a su hijo como su sustituto, aunque su vástago carecía de los modos de su padre.

Pero entre las muchas reuniones y charlas que tuvo, hubo una tan principal como secreta. Fue con unos arrieros (carreteros) que conocía hacía mucho y que llevaban mucho tiempo haciéndole servicios bien remunerados. Sirva de ejemplo la paliza que le dieron al último que tuvo el atrevimiento de postularse como alcalde ante el conde.

Los trabajos, muy bien pagados a estos desaprensivos, que habían de hacerse tras la muerte de don Nuño, fueron los siguientes: El destrozo de canales y balsas de regadío y el incendio de campos y monte.

Se aseguraba así que su muerte fuera bien llorada.

Pero se dio la casualidad que el día siguiente de su entierro coincidiera con un gran vendaval que hizo que partes de la quema volaran incontroladamente llegando a la villa provocando incendios en esta por varios lados, no pudiendo ser estos controlados. El mayor incendio fue el de la Muy Leal y Fidelísima Villa Hermosa de Monte Rico y Buen Campo.

Con los años y ya con el hijo de don Nuño como nuevo alcalde la villa se sobrepuso a la gran tragedia, pero ya nada fue igual después de haberlo perdido casi todo.

Don Nuño consiguió con sus artes que hubiera un antes y un después de su paso por este mundo y sigue siendo recordado. Junto a su hijo son las máximas figuras de esta villa ahora con otro nombre y sus retratos aún se conservan y ocupan un lugar principal.

Esta es la historia de los dos Nuños: Don Nuño García de Potes y Altolamira y don Nuño García de Potes y Menesteres, Nuño el grande y Nuño el chico respectivamente. 

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